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Mensaje por Admin el Dom Mayo 09, 2010 9:55 pm

Frederick Müller:

Al tiempo que disfrutaba de ver otro tipo de movimiento de gente y otras paredes diferentes a las de la Academia, guardaba miedo. El miedo de no saber a dónde ir. Precisaría un mapa y toda la ayuda de Cass de aguantar mis vueltas. Al menos serían vueltas divertidas con ella. Le sonreí para convencerla de que sabía lo que hacía aunque no fuese así y le avisé que debíamos caminar algunas cuadras hasta el primer centro turístico. Con una de mis manos tomé su rostro y con tono imperativo la soborné - Te compraré un helado si lo haces - y eché una gran carcajada aunque lo haría realmente.

Como un agente de turismo que debía aparentar le señalaba pequeñas cosas que me habían dicho mis padres mientras hacíamos el viaje a la AG y pensé que nunca me harían falta. Pues, ahora con ayuda de algunas historias no tan verdaderas –por no decir inventadas- le enseñaba a la princesa inglesa más importante que habitaba mi vida, algo sobre Berlín. Lo que quería puntualmente era llevarla al centro, donde iba con regularidad luego de la escuela hacía tres años atrás. Sí que costaría…

Pensé unos minutos en el pasado. Me recorrió un escalofrío que me hizo poner la piel de gallina. Mis pupilas se dilataron al máximo, de seguro tenía los ojos azules oscurísimos apenas en los bordes y dominaba el negro. Mis aletas de la nariz vibraban y me tensé. Como era de esperar había olvidado algo importantísimo; los malditos medicamentos. Tragué saliva para aflojar mi garganta y verifiqué la hora en mi reloj, avisándole así nuestra hora de partida hacia la Academia - A las cuatro y algunos minutos de la tarde volveremos - con tono enojado de tan serio.

Suspiré para tranquilizarme, no quería que se enojara y le diera por volver. Faltaba una cuadra para el centro de turismo en donde conseguiría el mapa y dos más para el autobús que casi 99% seguro estaba que debíamos tomar. Primer objetivo; Mapa. Segundo; Helado. Tercero; Berlín. Cuarto; Volver a hora. ¿Y Cassie? Casi olvidaba la parte de “disfrutar juntos”…


Cassie Ainsworth:

Todo me parecía genial. Estaba paseando por Berlín, una bonita ciudad que tan solo la había visto en el porsche de papá en el camino hasta la academia. Verla desde este punto de vista era hermoso, las calles no eran muy diferentes a las de cualquier otro lugar del mundo, pero junto a Fred todo parecía más hermoso. Iba agarrada de su mano disfrutando como una cría cuando está en un sitio nuevo con ansias de conocer más. Escuchaba cada explicación que Fred me daba, quizá para el no tuviera mucho significado todo aquello, al fin y al cabo era su ciudad y la habría visitado entera veinte veces quizá. O más, muchas más. Pero todo aquello era mágico para mí.

Me sobornó con un helado si caminaba unas cuantas calles más- ¿Crees que me comprarás con un simple helado? -no esperaba respuesta. Estaba dispuesta a caminar todo lo que hiciera falta. Estaba ansiosa por conocer la ciudad en la que había crecido mi principito Fred. Reí con él y cuando volvimos a caminar apoyé mi cabeza en su hombro- todo esto es genial -dije mientras miraba una bonita casa- gracias -le sonreí y besé su mejilla.

Caminemos varios pasos más y sentí como su cuerpo se tensaba. Le miré extrañada. ¿Que le sucedía? Me estaba preocupando. Con tono serio me indicó que a las cuatro debíamos volver a la academia. Asentí, no quería ponerlo más nervioso- Está bien... ¿Sucede algo? -no pude resistir preguntar.


Frederick Müller:

Por más de que fuera tan... despreocupada -o así se mostraba- notó que algo me sucedía. Y claro, su hombro estaba en mi cuerpo, debía hasta sentir mi respiración tranquila, pues así era como me ponía a su lado. Tranquilo de que no precisaba nada más que verla. Y al mismo tiempo molesto conmigo por sentir cada vez más intensamente ésta cosa llamada... ¿amor? ¿enamoramiento?. Que asco, prefería no admitirlo a estar lleno de esa sensación.
Le brindé una mirada tranquila para que pudiera relajarse unos segundos y le mentí - No es nada. Por un momento creí ver a un viejo amigo... Bueno, no tan amigo... en la calle - reí suavemente y continué caminando...

Al llegar debíamos esperar unas tres personas que estaban delante de nosotras y le susurré al oído con sarcasmo - Adorarás viajar en omnibus... Es una experiencia perfecta para princesas inglesas - mientras acentuaba mi acento alemán para mostrar la diferencia.

Cuando fue mi turno me separé de ella y le indiqué que me esperara. Quizá se asustaría de escuchar lo distinta que era mi voz en alemán. Solamente pedí un mapa y un par de recomendaciones sobre el centro turístico. Cuales eran los mejores lugares para parejas y... allí volví a darme cuenta de que no eramos nada con Cassandra. Pero tampoco quería serlo. Estúpidos títulos, a la mierda. Encima de que ella no me quería ni la mitad que lo debía llegar a hacer por una roca... o por Aaron ese.

Volví a su lado y la llevé fuera de ese lugar en el que no debía entender una palabra. No precisamente... pues estaba todo señalizado en varios idiomas, como corresponde. Le di una mirada al mapa más que nada preocupado por el medio de transporte que por los lugares que le enseñaría y caminé con prisa hasta la heladería que también figuraba en el mapa. Me parecía algo atengo de mi parte pagarle el transporte y lo haría aunque no quisiera, pero no podía empezar la salida sin pagar el helado por ella... Aunque ¡vamos hombre! ella no me dejaría, todas eran iguales... y más ella.
Pues me paré en frente suyo y le dije - Pagaré tu helado. Es más, nisiquiera quiero uno. Y no lo hago por quedar bien contigo - era poco creíble -, sino que deseo hacerlo. Por favor no empecemos con rodeos de novios y esas cosas cursis idiotas. Cassandra... somos grandes, pagaré y punto - reí. Nisiquiera había puesto resistencia pero yo le quería dejar en claro antes de que pudiera pensarlo siquiera.

Saqué mi billetera y... - ¿Sabor? - indagué casi obligandola a que elija.


Cassie Ainsworth:

Le sonreí. Creía haber visto a un chico por la calle, pero era su ciudad, claro que vería a chicos que conocía. Quizá podría conocer algún amigo suyo, me gustaría ver que tipo de gente se juntaba con Fred. Pero seguro que no eran tan raros como los míos, no sabía si algún alumno de la academia le caerían bien mis amigos. Eran más salvajes, despreocupados, locos y… Raros que yo. Y eso era mucho ya. Pero ante todo eran buena gente, si no te metías con ellos todo estaba bien. Aunque había veces que buscábamos pelea, pero era una vez por mes más o menos, y eso ya era poco para nosotros. El resto del mes estábamos tranquilos en el Skate Park, en la sala de juegos, en casa de Josh, en bares tocando, o en la calle alborotando a la gente con nuestra música.
Sonreí al recordar a mi banda, la echaba en falta.

Lleguemos al centro de turismo, quedé fascinada con la de idiomas que se mezclaban allí dentro. Yo solo había oído el inglés de Inglaterra y el de América. Los demás idiomas eran nuevos para mí. Quizá era de chica inculta, pero era cierto. Miraba a todas partes leyendo –o intentando- los carteles, cuando Fred se acercó a mi y con un bonito y sexy acento alemán, me hablo de los ómnibus- ¿Si? Los de Londres son geniales, ¿crees que estos los superan? –pregunté curiosa. Los turísticos de Londres me encantaban, siempre subía arriba. Pero hacía años que no subía a uno, pues ahora todos los chicos tenían moto, coche o íbamos en Skate.

Asentí y volví a leer aquellas palabras que no tenían sentido alguno para mí. Por suerte podría saber que eran por la traducción al inglés. Le sonreí a una pareja de chinos que pasó por delante de mí. Esos chinos eran geniales, siempre iban con la cámara de usar y tirar a todos lados, haciendo fotos sin parar a todo lo que veían. Incluso a la gente, que locos.

Fred volvió conmigo después de haberle escuchado hablar en alemán. No había entendido nada, pero por lo que parecía tan solo había pedido un mapa. ¿Un mapa? Bueno, quizá no conocía esta zona… Pero quien sabe. Salimos del centro turístico y me llevó hasta la heladería.
Se paró frente a mí y me soltó un discurso del porqué quería pagarme el helado. Puse mala cara. No quería que me pagara nada, yo llevaba mi propio dinero. Y además, ¿que no empezáramos con los rodeos de novios? Quería pagarme el helado, él me invitaría a mí. Eso un amigo cualquiera no solía hacerlo… O amenos no mis amigos. Recordé la promesa de no discutir y tragué saliva junto a parte de mis quejas. Bufé y puse los ojos en blanco- Odio no poder discutirte las bobadas que dices, pero está bien… El ómnibus lo pago yo –le guiñé el ojo. ¡No pensaba dejar que él lo pagara todo! Me acerqué al mostrador y esperando que entendieran mi inglés –que debían entenderlo sí o sí- le pedí un helado de nata y chocolate. Miré a Fred de reojo y solté una risa floja. El hombre que me sirvió el helado le miró y yo le susurré acercándome al mostrador- Cóbrale más –bromeé. Esperé a que el señor orgulloso acabara de pagar.

No podía estar quieta, todo eso me fascinaba. Entrelacé mi mano con la de Fred y le dí un corto beso en los labios. Hacía mucho que no le besaba y estaba deseándolo desde el último beso. La excusa para éste fue…- Gracias por el helado, ¿de verdad no quieres? –alargué un poco mi brazo hasta él.


Frederick Müller:

Por unos segundos mientras ella pedía el sabor del helado me quedé pensando sobre quien pagaría luego. Me parecía bien que Cass lo hiciera, ya con una sonrisa me había encargado de contestarle, pues si yo también lo pagaba se volvería típico incómodo de pareja. No no, nada de eso. También reflexioné sobre los omnibus de Inglaterra. Por suerte nunca había visitado ese país tan desagradable y lleno de cargosas linduras -según relatos de papá- pero en la televisión no había podido pasar por alto esos armatostes transportadores de turistas, rojos y enormes. Se veían pesados y lentos, sin nada de adrenalina alguna y aburridos porsupuesto; Relatos de cosas antigüas ¿para qué alguien querría saber de eso?. Como sea, al que subiríamos en instantes no era turista ni lindo por lo que de seguro le produciría alguna emoción no positiva, y suponiendo que la nena de papi siempre viajaba en auto o quizá limosina se llevaría varias sorpresas.

- Escuché eso - la amenazé por su comentario al heladero. Seguro no entendería el sarcasmo de la frase ya que apenas sabían lo escencial de inglés y le aclaré que era una broma. Pagué contento y sabiendo que era lo más caro sonreí con orgullo. Guardé el dinero y estuve a su lado nuevamente, como un imán. Me sorprendió su 'muestra de cariño' si así se le podía decir, pero me limité a devolverle lo mismo que me daba. Ni más ni menos era el equilibrio perfecto. Me bastó negar con la cabeza. No me gustaban los sabores que había elegido pero tampoco se lo comentaría. Ultimamente no decía muchas cosas y cuando abría la bocota eran cosas sarcásticas o para buscar más pelea. Ella debe pensar que solo sabes hablar de tal cosa, nunca dices algo lindo.

Subimos al transporte aquel y pasé sin siquiera avisar al chofer a donde ibamos. Quería demostrarle a mi princesa cuan necesario era yo en ese momento para ella pues de otra forma no se podía comunicar. Esos -conductores- sí que no sabían ingles más que las palabras más comunes. Entré y me apoyé en una de las banquetas, sonriente esperando a ver como solucionaba su problemita. Y con una corta mirada comprobé que no había demasiada gente impresentable y agradecí eso a algun Dios que existiera y me estuviera concediendo éste momento.


Cassie Ainsworth:

No quería helado. Me encogí de hombros y empecé a comérmelo. Estaba rico, es verdad eso que dicen de "Si te sale gratis, sabe mejor", y este helado era lo primero que me salía gratis desde hacía mucho tiempo. Desde meses antes de empezar en la academia, que Mike me compró un miserable chicle, que además acabó en el suelo. Pobre, el rico melón desperdiciado de tal manera...

Lleguemos al omnibus, era hora de pagar. Fred entró como si la cosa no fuera con él, y en cierto modo se lo agradecí. Quería demostrarle que yo también sabía usar esas cosas de gente normal y corriente, no de princesitas inglesas como él decía. Dejé pasar a unas señoras mayores que me lo agradecieron con una palabra desconocida para mí. El alemán era muy raro, y esperaba que el conductor entendiera el inglés, sino estaba muerta.

- Hola -me acerqué al conductor y este me respondió con otro hola, en mi idioma. Eso sería fácil si seguíamos así- quiero dos billetes para el centro de Berlín, por favor -le sonreí esperando que contestara un "Si, claro" o un "Aquí tiene", pero en lugar de eso me habló en alemán y no logré entender nada, nada de nada. Le miré con mala cara y miré a Fred, tenía una sonrisa en el rostro, ¿le hacía gracia que el conductor no me entendiera? A mí ninguna, recibiría su merecido. Me volví hasta el conductor y como si estuviera sordo volví a repetir lo mismo, más lento y alto. Pero este enarcó una ceja y parecía que me estuviera maldiciendo- Pero haber, ¿usted no sabe inglés? ¿Quien no sabe ingles? Todo el mundo debería saber este idioma, no me hable en chino que no entiendo nada -y volvió a maldecirme, o vete a saber que- si, es tonto, debería saber inglés -miré a Fred y me rendí. Ese hombre me acabaría sacando de mis casillas.

Me sentía observada por todos, maldición, sería el cotilleo de todo Berlín en unas pocas horas. Me acerqué a Fred y le musité- ayúdame -le miré con una pequeña sonrisa- el conductor no me entiende, ¿no os enseñan inglés en el colegio? -bufé- yo... Bueno, necesito un chico guapo, que sepa donde quiero ir y que hable alemán, después puede pedir lo que sea, ¿sabes donde hay uno? -mordí mi labio inferior, esperando que viniera a ayudarme.


Frederick Müller:

Por poco olvidaba el dulce sabor de las peleas con Cass. Algo de mí insinuaba que sentía pena pero se me había olvidado contarselo a mi rostro: No reía pero sonreía de oreja a oreja. La vi sacarse de quicio y disfruté cada palabra nueva que gritaba. Yo sí entendía y por suerte el conductor no captaba ni una de las cuantas palabras; Cassandra hablaba rápido cuando se enojaba y era impsoible seguirle el ritmo, y algo que no lo hacía mas fácil era el acento marcado con el que pronunciaba cada cosa. I-nen-ten-di-ble.

Hice una sonrisa de lado de orgullo de que pidiera por mí y me apuré antes de que alguien nos echara de allí. Pero no terminaba todo ahí, mi gran acto tenía otras escenas peores. Por ejemplo, me giré a donde "el público" observaba y puse cara de confusión como si no la conociera y les avisé que así era. Dejé bien en claro que no la conocía mas que de vista y que la ayudaría por pena... que le pagaría el pasaje y luego la dejaría que hiciera su odisea. ¿Quién se creía que era para exigir que al viajar a un país todo hablen su idioma y no ella el de la mayoría?; Esa frase había sacado algunas sonrisas en los pasajeros y me sentí muy bien al decirlo. Para finalizar le susurré a su oído - Ya todos saben que estamos juntos y que... Bueno, también les he dicho que tienes problemas mentales... No te preocupes, no los verás nunca más - finalicé sin poder evitar echar una risa.

Luego de pagar y pedis disculpas al conductor le prometí calmarla pues no podía ahora sentarme con ella si supuestamente no la conocía ¿cierto?. Pues la llevé de la mano hasta un asiento vacío y la persona de al lado se marchó sin comentario alguno. Sonreí y le agradecí entre risas y para cuando me senté a su lado le pregunté con total amabilidad, con un tono de voz que casi no sabía que tenía y con un acento inglés que me asustó escuchar en mí - ¿Te gustaría apoyar tu cabeza en mi hombro o sigues enfadada...?- Para hacerle sentir mejor mi buena intención en lo que había dicho tomé su rostro con una de mis manos y lo alcé hasta que sus ojos me vieran y mi cara parecía la de un perrito triste. Muy tierno.


Cassie Ainsworth:

Habló en su idioma raro un buen rato. No sabía que decía, pero algo que les parecía divertir a varios de los presentes en el bus. Les miré con mala cara a todos y las sonrisas volvieron a amagarse. No quería enemigos en Berlín, pero no me gustaban esas sonrisas y esas miradas que me echaban. Fred acabó pagando el billete y habló con el señor conductor(?. Suponía que esas palabras que me sonaban a chino serían un tipo de disculpa, o eso esperaba. Miré a Fred y este me llevó a un asiento libre. La mujer que estaba junto a mí se levantó y se fue. Miré mal a Fred y le bufé en la cara. Crucé mis brazos y puse morritos, había asustado a la gente. Seguro que era cierto eso que me había dicho, lo de mis problemas mentales. Mala persona, ¿como puede decir eso? Pero se la jugaría, oh si...

Giré la cara y murmuré- No quiero tocarte ni que me toques, has echo que toda Berlín tenga una conversación durante la cena -bufé- he asustado incluso a la mujer que estaba al lado -en verdad no me sentía mal por eso, mejor, así había sitio para Fred y podía sentirlo mas cerca durante el camino, y no esa mujer que me estaría mirando por el rabillo del ojo y giraría la cara al yo mírala. Me había dejado con muy mala reputación, y a mí me gustaba ganármela sola.


Frederick Müller:

Puse los ojos en blanco e intenté hacer la gran Tony y ver si con mis atributos físicos podía hacerle cambiar de opinión, aunque me quedé unos segundos mirándola esperando que diga algo más. Y nada...
Ésto era lo que odiaba de las parejas, las peleas. Y por eso prefería tenerlas con ella que siendo nada mío, aún así lo era todo. Ciertamente la intolerancia hacia ella en mi corazón disminuía a cada mirada, pero muchas veces subía de tal modo que siquiera deseaba pensar en ella, mucho menos verla, por supuesto. Pero ahora la tenía sentada junto a mí, con cara de nena peleona y me dediqué a fingir que no me importaba, por lo que di media vuelta y me apoyé en la ventana del transporte aquel. ¡Oh! ¿Qué podría pasar si me llegaba a quedar dormido? ¿Qué tan malo podía ser?. Reí por dentro y un 99% de mí ansiaba averiguarlo, aunque claro que ella se enojaría y en la parte a la que nos dirigíamos -si es que ella sabía exactamente donde bajar- todos hablaban su idioma, pero... ¿Pero qué?. Allí comenzó una rara pelea entre yo y ¿yo?. Supuse que ahora dominaba mi corazón enamorado y la parte que rechazaba eso, como dos grandes facetas de mí... enfrentadas. Que absurdo;

"CorazónEnamorado: No podemos hacerle nada más, ya ha pasado suficiente gracias a tí.
CorazónSinAmor: Oh claro, pues no dejaré que venzas y finalizaré de una vez por todas con esta niña que quiere apoderarse de mí y transformarme en tí.
CE: ¡Lo admites! Ella causa algo en tu sistema ¿cierto?
CSA: Repugnancia.
CE: Oh vamos, no te hagas el duro y deja por una vez en la vida que Fred tenga a alguien a quien querer y viceversa. Ya bastante me he quedado encarcelado en aquellas malditas rejas de la depresión y ahora que puedo hacer mi gran show, sigues arruinándolo tú. ¿No tuviste suficiente? Desde que la hemos conocido tú, tú, tú y tú has llevado adelante esta relación horrorosa. No intento hacerte desaparecer porque Frederick precisará de tí muchas veces más, pero... déjame mi gran aparicion una vez.
CSA: No.
CE: Al final del día prometo haberla hecho.
CSA: Veremos lo que tienes amoroso.
CE: Te sorprenderé.
"

Imaginé una gran pelea en mi interior.

Me volví a Cassandra y seguramente no fui yo quien habló - Está bien, ¿qué deseas que haga?. Lo que sea por no verte así. De un modo u otro sabes todo el cariño - ¡¿cariño?! - que te tengo. Mírame porfavor - nuevamente, insistí - Mírame y dime que no me quieres ver más, que realmente quieres que no te vuelva a tocar, ni que te regale uno de mis maravillosos- cuanta humildad - besos. Cass, lo siento ¿okey?. Ofrezco mis disculpas - No. Eso no estaba bien. La acción en sí claro que lo estaba y esperaba que la tomara bien, pero había algo preocupante y era que si no era de alguna película dramática de las que escuchaba que mi madre miraba antes de dormir, relamente no sabía de donde había sacado esas palabras. O al parecer estaba conociendo a un nuevo Fred. O al parecer el CorazónEnamorado había ganado ésta vez. Qué confusión - bufé en mi interior mientras esperaba por la respuesta de la hermosa rubia inglesa de mi lado.



Cassie Ainsworth:

Vi por el rabillo del ojo que Fred me daba la espalda. ¿Se había enfadado él? Vaya bobada, aquí la tendría que estar enfadada era yo, no él. Me había dejado fatal delante de toda Berlín, más bien todo el omnibus; pero estaba lleno, y él era el que se indignaba por no hablarle, ni mirarle, ni tocarle, ni besarle... Boh, como odiaba cuando ambos no cedíamos en las peleas. Pues yo no sería la primera, lo tenía claro, yo ya había ido una vez y me había encerrado en el baño durante varias horas, aunque a mí se me hicieron días. Me estresaba estar encerrada y más en un baño de chicos.

Le miraba disimulando, haciendo como si me arreglaba el pelo. Nada, estaba apoyado en la ventana del omnibus pensando en sus cosas. De mientras que no me decía nada yo les regalaba las tan deseadas miradas de odio a cada una de las personas que se dignaban a mirarme. Que rábia, quería saber que había dicho el maldito Fred. Le amabaodiaba con todo mi ser, y más por como se estaba comportando ahora, ¿no se giraría? Quizá estaba dormido, sería una monada verle dormir de nuevo, en su habítación no pude apreciarlo y quería ver la carita de ángel que tendría soñando, conmigo, está claro. Reí internamente(? por mi pensamiento y mi mente me obligaba a ceder yo primera, pero mi cuerpo no quería, y seguía mirandole por el rabillo y con ambos brazos cruzados.

No sabía como expresar lo que sentía por él. No era de las que sabían expresar los sentimientos, era más de las que se cerraban y casi nunca los aceptaba. Pero esta vez tenía la necesidad de aceptarlos, porque algo dentro de mí me decía que esto era diferente a todo lo que antes me había sucedido. Esto era... A... Am... Bf, era imposible de pronunciar, esta terapia la dejaríamos para más adelante.

Cuando mi cuerpo ya se había puesto de acuerdo con mi mente, y me iba a girar para hablarle a Fred, él reaccionó primero. Se giró y me pidió que le mirara. Obedecí a la segunda y escuché todo lo que tenía para decirme. Oh... Que tierno... ¡Cassie! Vuelve a la tierra. Me mordí el labio para no lanzarme sobre él, no en un lugar público como era el omnibus, y suspiré.

- Está bien, las acepto -le sonreí- no podría ir a visitar sola un lugar que no conozco, puedes darle las gracias a la ciudad, te ha salvado de tenerme todo el día de morritos.

Frederick Müller:

Sea lo que sea que había dicho sin querer era lo que Cassie al parecer esperaba y realmente sentí por primera vez oírla hablar sincera y seria. Su rostro aunque dulce y casi sonriente por la satisfacción mostraba aquella seriedad indicativa de que me hablaba sin dobles sentidos.
Aquella doble faceta desconocida de mí era la que hubiera necesitado en muchas más ocasiones pues se trataba de que nunca ninguno quería ser el que pedía disculpas. ¿Para qué?. Aún no le encontraba mucho sentido pero si a la princesita le caía bien, pues pediría a ese lado marica -por las palabras de niña arrepentida que utilicé- mío ayuda mas seguido.

¿Qué contestar ahora?, en una película lo normal hubiera sido terminar con un beso pero no sin antes algún tipo de interrupción tediosa. Desvié mi mirada de su sonrisa un instante y comprobé que aún faltaba para llegar -no más de 20 minutos- y nuevamente mi mano se posó en su barbilla e hice aquella acción a la que me había acostumbrado y era obligarla a que se encuentre con mi mirada. No me parecía intimidante y amaba hacerlo pues podía ver todo a través de esos ojos raramente celestes -no como los míos pero bellos igual-. Fue creo que tenebrosa la lentitud con la que se dibujó una sonrisa en mi rostro... realmente había sido lento como si hubiese estado tramando algo y ya planeaba hacerlo, pero lo cierto es que solo la contemplaba queriendo lanzarme a sus labios pero como adolescente indeciso no lo hice pues no era lo que acostumbrabamos. Los extrañaba sí y me tentaba más su sonrisa perfecta. Adoraba que sus colmillos estuvieran bien marcados, era algo que la hacía única -además del Conde Drácula- bromeé conmigo mismo.

Un flashback invadió mi mente un segundo con 3 milésimas; Yo con Lucy. Le comentaba que el día era muy lindo pero las marcas que se le formaban cerca del labio cuando sonreía aún más. Adoré su mirada de respuesta esa vez y suspuse que a Cassandra también le gustaría que haga una observación así y me lancé pues quería decir algo porque aquellos dos segundos apenas de silencio luego de mi sonrisa me resultaban incómodos ya. ¿Es que no pensaba hacer nada ella?. Iba a hablar y me callé, dejando ese detalle para luego y dirigí extremadamente lento mi mano por su mejilla, recorriendo su cuello, hasta su hombro y... - Gracias.

¿Gracias? Por dios Frederick Müller eres un asco. Deberías haberla besado- avisó tarde mi mente, pues ya había soltado el aire que retenía, sacado mi mano de encima suyo y nuevamente en mi pose... ésta vez mirando hacia adelante.


Cassie Ainsworth:

Reí levemente, se lo había pensado mucho. Quería saber que le pasaba por la mente, que quería hacer y decir, que pensaba y de mí... No quería defraudarle, lo único que quería en ese momento era ver esa hermosa sonrisa que me solía regalar, esos maravillosos besos que me había recordado y sus tiernas palabras. Oh, Cass... ¡Estas loca! Cierto, estaba loca, pero una parte de esa locura era agradable, nunca había pensado o actuado así, pero quizá nunca se había dado la ocasión... Nunca había conocido a nadie como él.
Apoyé mi cabeza en su hombro y mi mano se posó sobre su pecho. Quería sentir su corazón, le miré disimulada y una sonrisa se formó en mi rostro, era tan tierno... Acaricié su cuello, su mentón y su mejilla con la punta de la nariz, hasta que llegué a su oído y ahí le susurré- No tienes porqué darlas, yo en cambio sí, gracias -debía agradecerle todo lo que estaba haciendo por mí.
Volví apoyarme en su hombro mientras me dedicaba a juguetear con el borde de su chaqueta.


***


Ya habíamos llegado al centro de Berlín, habíamos visitado varios sitios(xD) de por aquí mientras Fred me contaba historietas de varios monumentos y de más.
Por algún milagro realmente inexplicable no discutimos en toda la visita al centro, y la verdad que no sentía la necesidad de burlarme de él para hacer el paseo más entretenido, pero esta vez se me hacía entretenido por el simple echo de que Fred esté a mi lado.
Necesitaba descansar un rato, bueno, quería pasar un rato junto a él sin que me cuente cosas de la ciudad, quería que me contara de él, no sabía nada de su pasado.
Me paré frente a él y entrelacé ambas manos con las suyas, elevándolas hasta la altura de mi vista. Las miré y sonreí, tenía las manos calientes a comparación de las mías. Clavé mis ojos sobre los suyos y con un tono de voz algo bajo, le pedí algo- ¿Podemos descansar un poquito, Freddy? -miré el parque que había al cruzar la calle.


Frederick Müller:

Bueno parecía que entonces era éste el Fred que ella buscaba tanto. Ninguno de nosotros dos era en realidad la misma persona que aquel primer día y ambos sabíamos más que perfectamente que aunque quisiéramos no podíamos estar mas que algunos días separados… obviamente que sería cualquier tipo de discusión la que nos uniera, pero así éramos nosotros y así seríamos hasta que ambos tuviéramos en claro lo que sucedía. Recordé unos instantes mi corta estadía en la biblioteca, cuando el ángel apareció para despojarme de mis angustias. Recordé como yo sufría por la impotencia que me daba no saber que sentía Cassandra, pero ahora la tenía tan cerca de mí, dándome esas caricias que nadie más me podría dar –yo podría pedirle a cualquier chica hermosa que pasara frente mío (Cassie me había recobrado el autoestima) pero sentía una rara sensación que quizá era culpa o algo parecido a la infidelidad… de que si estaba con otra la traicionaría de alguna forma y además no tenía ganas de estar con nadie más. ¿No?. Me costó analizar la idea pero entonces sonreí al digerirla en pocos segundos-. Coincidió mi sonrisa de descubrimiento con la que mostraba gusto por su leve pero especial susurro. La contemplé como pude, apenas lograba ver su cabello y una punta de su nariz, porque la idea de moverme y causarle alguna molestia me causaba incomodidad interna, como si estuviéramos conectados de tal forma que lo que a ella le afectara de mala forma lo haría en mi también. Puaj, ¿qué anda pasando? Esto debería llamarse “Romeo y Julieta”- susurró una voz por los rincones de mi mente que rápidamente silencié sin querer (acción de mi corazón enamorado (?)) y me acomodé de una forma que complementara la pose de Cass.

No faltaba mucho y escaseaban las palabras. Sabía que luego en cuanto bajaramos del bus infernal, en el que ciertamente la había pasado bien con ‘malas acciones’ pero también disfrutaba de su pasiva compañía, hablaría tanto que ella me pediría callar o lo haría yo de un beso. Esa última palabra dio unas vueltas en mi cabeza y entonces supe que solo me retenía a mi mismo para no besarla. No porque no quisiera. No porque no me gustaran sus besos. Nosotros eramos así, y entonces así seguiríamos. Una estúpida imagen de una pareja a los besos –más que palabras y gestos incluso- me atormentó y puse los ojos en blanco. Yo no quería eso, definitivamente prefería mostrarme como a una persona con la que se puede pasar el tiempo, algo así como un amigo, pero sin serlo. Bff, nuevamente con las definiciones- me quejé para mis adentros y dejé el tema de lado, ya sería el momento en que volvería a probar aquellos deliciosos labios de princesa inglesa.

Antes de llegar me detuve un segundo a advertirle – Te aburrirás, pero te compensaré con una buena comida al final o algo parecido. Ya luego tendrás la oportunidad de aburrirme tú con algo que desees – intenté explicar que ansiaba otra salida con ella y que cualquier idiotez era válida para mantenerme a su lado, que no se matara en pensar planes o algo parecido. Sonreí solo porque era esperable que me imitara y enserio me gustaba verla hacerlo.

Y para cuando el bus llegó a donde creí que era la última bajada, pasé con delicadeza por encima suyo y luego eché a correr – Alcánzame, muéstrame de lo que está echa fisicamente esta princesa – bajé del bus y miré de reojo para ver si me perseguía mientras avanzaba no más que media cuadra. Pues claro que no se quedaría allí arriba atascada entre la gente. Ésta le abría camino a la loca del inglés. Eché una ligera risa al recuerdo de su humillación y me calmé por algo de culpa que sentí. Okey, puedes portarte como alguien adulto cuando apetezcas – avisó alguien por allí dentro y aunque me lastimó un poco esa frase, supe que no era más que mi inconciente. Es que de a momentos perdía la noción… el tiempo, las acciones, todo era totalmente nulo. Que estupidez- me callé por ultima vez y dejé que ella se acercara a mí, besando su mejilla y mostrándole todas esas cosas que me parecían –dentro de lo aburrido- lo más divertido.

Hice explicaciones con chistes idiotas entre medio, me olvidé completamente cuanto me gustaba y me acordé completamente de cuanto no quería quererla por miedo al rechazo. ¿Rechazo? A esta altura eso no parecía existir, ella estaba a mi lado escuchando todo lo que decía y su cuerpo no se separaba del mío ni un segundo. Me aguantó y podía sentir como dentro de su mente alguien pedía un descanso de tanta cosa y aunque yo lo precisaba no diría nada hasta que Cass lo dijera. No. Por momentos al recorrer esas calles pensaba en echarme a correr y dirigirme a las no muy lejanas casas de mis “amigos”. Esos malditos amigos que casi me habían obligado a meterme en esa tonta academia para gente con arte y todo eso. O la segunda opción era tomar un taxi y dirigirme a donde mamá y papá. Ya los recuerdos me afectaban en sentido negativo y caí en la cuenta de cuan bien me hacía tener a Cassandra a mi lado. Me distraía de todo lo que me preocupó en silencio durante años. Quizás si algún día llegáramos a tener tal confianza que daríamos todo del otro… le contaría sobre mis cosas feas. Cosas que no sabía. Es que en sí no nos conocíamos demasiado y ahora preguntaría varias cosas. ¿Cuándo?. Cuando ella decidiera parar.
Y dichopensado y echo; - Lees mentes maldita – fue lo primero que dije cuando me ofreció hacer una pausa. Me sentí un nene y rectifiqué – Te pido el favor de que paremos, ya tanta cosa dura (estatuas) y aburrida… necesitas un poco de mí – bromeé pero instintivamente la tome en mis brazos. Deseaba que su rostro estuviera a la altura del mío, poder abrazar su piel y tener su cuerpo tan cerca del mío como para sentir hasta el corazón en cada latido. Así lo hice y la levanté del suelo, la sostuve por sus piernas e hice algo de presión en ellas para que sintiera que allí estaban mis manos. Sonreí ampliamente, con un dejo de risa pero sin decir nada me abalancé al fin en aquellos labios. Era un manjar. Seriamente consideraba no comer nada más que su boca –metafóricamente-. La besé con delicadeza pero aún así era de forma algo brusca aunque guardaba de mí todo dentro. No sabía que pensaría si de pronto el guía historiador se convertía en un chico famélico de sus labios e insaciable. No, la calma era mejor. De todos modos nos moví a ambos hasta una pared para no molestar a los peatones que por allí caminaban. Unos instantes imaginé meterme en sus mentes y adivinar que locas ideas se les ocurrían del por qué nos besábamos de esa forma. “Una pareja que ha permanecido lejos un largo tiempo”-creí oír una idea y sonreí dentro del beso. Olvidé aquello y hundí mi mano izquierda entre su rostro, su cuello y su cabello. No porque fuera muy pequeña o mi mano demasiado grande pero así fue y hacía algo de presión que en cierta forma pedía a ella que no se separara de mí. Su espalda estaba contra una cortina cerrada, de un local cerrado, y aunque hacía presión no la lastimaba.
Baaah, tranquilo Frederick- me calmó alguien pero no era mi voz. Oh si, lo era. Estaba por enloquecer y calmé mi todo. Recordé el motivo que me angustiaba la otra vez (que ella no me aceptara por mi enfermedad) y no la besé más para no darle motivos por los cuales sufrir, aunque no la imaginaba así. Ella era fuerte, autosuficiente y fría como el hielo de la Antártida.

Me separé y tomé su mano de forma que nuestros dedos se entrelazaran y como si recién no hubiera sucedido nada, crucé la calle en cuanto pude, tironeando de su brazo para que me alcance y no termine herida. La tomé como un bebé en brazos y me causó muchísima gracia leer en su rostro la sorpresa. Corrí algunos pasos sin calcular bien su peso y caí como un estúpido en el césped –el cual no había que pisar pero en un acto de rebeldía quise hacerlo parecer gracioso-. No quería que se lastime por lo que puse mi espalda primero y di un pequeño gemido de dolor, y la tuve a ella encima. Me dio miedo reír, si ella estaba enojada por ese repentino –y el anterior– acto prefería aguantar a ver su expresión.


Cassie Ainsworth:

Fue inevitable soltar un pequeño grito al no sentir el suelo bajo mis pies, tanto como el de rodear su cuello con ambos brazos para sentirme mas segura entre los suyos. Mi rostro estaba a pocos centímetros del suyo, podía sentir su respiración sobre mi piel, probocandome un hermoso cosquilleo que hacía que el bello de mi piel se erizara. Mi mirada se posó sobre la suya, perdiendome en el inmenso mar de sus ojos. Una sonrisa apareció de la nada cuando lo sentí tan cerca... Era algo que no podía explicar con palabras, ese momento era único, mágico, de los que solo se viven en sueños. ¿Era eso un sueño? ¿Despertaría y Fred no estaría a mi lado? ¡No! No quería eso, no quería ni imaginarmelo, el simple echo de pensar en que todo esto no ha sucendido me... ¿Asustaba? Era todo un lio, desde que le conocí todo se volvió extraño; aunque para bien.

Sentí sus labios sobre los míos y le devolví el beso con más ganas que nunca. Ya estaba tardando en besarme, no podía darle mas motivos para que lo hiciera. O quizá si, pero ni de ello estaba yo segura. Amor era una enorme palabra que no estaba segura de saber sentir, de expresar o incluso imaginar. Nunca había pensado en que me enamoraría, pero ¿Lo que sentía era amor? No sabía como etiquetar lo que pasaba por mi interior, no estaba segura, quizá era un simple dolor de tripa. ¡No digas idioteces! Sonreí en mi interior con algo de duda, esa que aún seguía a pesar de todo.

Sentí un débil golpe en mi espalda que me hizo abrir los ojos para ver que pasaba. Nos había apartado del camino, suponía que para no molestar. Las miradas de la gente se cruzaban con la mía, desconcertada y ¿Enamorada? Volví a sentirme en el suelo y deseé volver a esos brazos en los que tan a gusto me encontraba. Volvió a besarme y no pude hacer nada más que seguirle, mientras una de mis manos se posaba en su pecho la otra agarraba a la cortina del local. No sabía como reaccionar ante lo que estaba pasando. Hacía unos minutos le daba cortos besos y tansolo me miraba, y ahora no podía parar de besarme.

Cuando se separó mordí mi labio inferior, quedándome con ganas de más. Parpadeé confusa por todo. Mi corazón latía con una intensidad inimaginable, mi respiración estaba agitada, mis labios sentían la necesidad de rozar su piel, igual que cada parte de mí. Intenté tranquilizarme mientras cruzábamos la calle, pero todo volvió al principio cuando volvió agarrarme y hacernos caer sobre la hierba. Me quedé sobre él, poniendo ambas manos alrededor de su cabeza para no dejar todo el peso sobre él. Oí su gemido de dolor y mi rostro expresó lo mismo. Mi cabello caía en cascada y no dejaba que los rayos de sol rozaran su fino rostro. Coloqué varios mechones tras mi oreja y acaricié su rostro con la llema de mis dedos, mis labios se formaron en una pequeña y tímida sonrisa que temía no ser correspondida. Pero ¿después de eso si que lo sería, no? Mi mente seguía echa un lío, y el único culpable era el hermoso e irresistible Fred.

- Te... -¡Venga va! Deja que tu corazón hable, no temas a nada, si no eres correspondida tu corazón creará de nuevo ese fuerte muro imposible de traspasar -aunque ese no era el caso de Fred, él había conseguido derribarlo- y este intentará no volver a... lo que ya sabes- quiero -dije con un hilo de voz. No estaba casi segura de que él lo hubiera escuchado, aparté la mirada, que expresaba más que nada temor.


Frederick Müller:

Me sacaba de lugar lo bonita que podía llegar a ser, incluso viendola desde abajo lo era. Pero porque no se trataba solo de la belleza exterior, ya en sí me odiaba por haber dejado que esto ocurriera, llegar a esta instancia de cariño en que pase lo que pase con ella la querría igual; No buscaba nada pero... nos fue a ambos inevitable terminar 'juntos'. Y el momento llegó, aquel que esperé en millones de oportunidades pero que al tiempo no quería, por lo cual causaba en mí una inestabilidad de emociones que no llegaba a entender. Tenía miedo de saber lo que ya sabía y no quería; Que era lo mismo que quería.

"Te quiero"

Esas fueron sus dos palabras. Me aparté del mundo y mi vida por un segundo, como si me hubiera marchado de mi cuerpo y me hubiera puesto a caminar por ahí. Mi alma estaba fuera de mí por el descontrol de felicidadconfusión. No era para menos, ella estaba confesando, de alguna forma, su amor. Pero... al tiempo que no me podía permitir lastimarme, me ignoré por completo y me preocupé por Cass. Ella, no sabía todo de mí, y temía terminar lastimándola, porque yo sabía que ella era parecida a mí, tampoco quería un compromiso, también temía al desamor. No me atreví a articular palabra pero algo tenía que hacer, así que volví a mi cuerpo un instante para tomar su pelo lentamente y acomodarlo un poco mejor detrás de su oreja. Lo hice con delicadeza y me tomé el tiempo que fuera necesario. Fue un instante en que todo se redució a mi mano contra su sedosa cabellera. Y luego en su rostro. Con la única mano que tenía libre palpé sus mejillas de porcelana, de muñeca inglesa (como yo solo le decía) y le hice entender (corporalmente) que cambiaríamos de pose. Ahora yo iría sobre ella. Y todo con lentitud... porque aunque actuara como si cupieran cuarenta minutos en un segundo, mi mente lo hacía como si fuera media milésima por segundo. Era insano.

No podía analizar tanto algo que sabía que sentía. Mi miedo era por ella, pero tambien el perderla y... era una oportunidad tan inmensa tenerla para mí que no me atreví. Esfumé el pesimismo y la correspondí -Te quiero muñeca- con voz tierna. Quería decir más, pero... si aclarecía el asunto, lo oscurecería... Bajé hasta sus labios y los toqué apenas y cuando me separé necesité desviar la vista por los nervios que no quería que lea en mis expresiones.
Pero tomé confianza y repetí -Te quiero a ti. Te deseo y...- debía decir algo más propio de mi, pues ese era el Frederick que a ella le había gustado -Ya extraño tus labios- comenté en forma Frederickiana(?. No era cursi, era un comentario con mi estilo. Sonreí de lado y me hundí en un largo beso que sellaría estas palabras del mejor modo.

***


Tanto 'berrinche'... había olvidado algo NADA menos importante; la hora. Los minutos me condicionaban como si fuera el aire mismo. Era dependiente de saber la hora para poder seguir viviendo, por explicarlo de una forma. Si no tomaba aquellas pastillas sería un desastre y ¡oh bonitísima sorpresa! no tenía un reloj. No, así de oportuno como solía ser... Tampoco es que me sintiera mal, pero temía porque Cassie viera cosas que ni yo mismo me permitiría. Rocé mi muñeca derecha por si acaso llevaba 'por accidente' allí un reloj. ¡Algo que me marque la hora!- exiguía mi mente. En cuanto a "lo que pasa si no tomo los medicamentos"; Lo primero seria que se me dificultaría respirar, era un síntoma raro, sí, pero era lo que se presentaba luego de unos veinte minutos pasado el momento exacto en que aquellas capsulas llenas de mierdas buenas para mi organismo, debían estar al menos por mi garganta, haciendo lo suyo mas al fondo (nótese mi no interes por la anatomía). Sobre todo mantuve la calma, hasta saber la hora. -¿Tienes hora?- le pregunté a la mujer preciosa a mi lado y no fue hasta ese momento que noté que mi voz estaba por quebrarse, como un niño llorón.
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Re: Hier sind wir | Sábado 2 de Octubre - 13:00hs | Reservado.

Mensaje por Cassie Ainsworth el Dom Mayo 09, 2010 11:30 pm

Pum-pum, pum-pum... El corazón latía con muchísima intensidad, ¿los nevios quizá?
Los segundos se me hicieron minutos, necesitaba una contestación o un gesto que respondiera a mis dos sinceras palabras. Sabía que él podía temerles, igual o más que yo lo hacía, pero si él no lo hacía... ¿Yo había interpretado mal todo? Habría echo la tonta, me hubiera confesado ante un chico que no querría nada conmigo y, eso me dolería, me dolería mucho ya que sin muchas razones aparentes me había echo sentir como nadie lo había conseguido. Esa sensación de cosquilleo en el estómago, el corazón que parece que te sale del pecho para correr hacia él y quedarse ahí, donde mejor está: Junto al suyo.

Pequeños cosquilleos sentía al contacto con su piel, yo misma me sentía como una verdadera idiota, mi rostro debería estar idiotizado por tenerle tan cerca. Ya lo había tenido antes, pero no habiéndole confesado mis sentimientos. Esos que yo pensaba que estarían ocultos siempre. Ahora veía que me equibocaba, todo este tiempo había estado encerrando ese sentimiento para que nadie pudiera hacerme daño, pero... Era bonito sentir aquello; era algo nuevo para mí. Y estaba asustada, de verdad que si. Nunca había tenido algo serio con nadie, nunca había dicho "te quiero" sintiéndolo de verdad, nunca me había enamorado de alguien.

Quedé debajo, esperando aún una respuesta con palabras. Los gestos bastaban para decirme que él también me quería... Pero no era una experta en interpretar gestos de amor. Pero, en ese momento me dejó las cosas claras, hizo que todo en lo que no había creído hasta ahora se volviera más real, como que alguien en cualquier parte del mundo sintiera algo por mí, tanto tiempo había merecido la pena para al fin encontrar a alguien como el maravilloso chico que tenía frente mis ojos. Y ya ni me reconocía, ¿Quien era esa intrusa que vivía en mi interior? Algún ser romántico y pensativo me había invadido la mente y el corazón. Yo no le había dado permiso para cambiarme, pero, me dí cuenta que no era un ser pensativo, sinó el sentimiento llamado Amor. Amor, amor, amor... Que palabra tan fácil de pronunciar y tán difícil de admitir.

***

Me sentía a gusto, tranquila, incluso me atrevía a decir que me sentía... ¿Enamorada? Si... creo que si. Me lo estaba pasando bien, ese último deseo había sido el mejor que podría haber pedido en mi vida. ¿Cuantos más habrían así? Quería que fueran más, muchos más, todos los que fueran posible mientras esta sensación permaneciera en mi interior haciendo que mis ideas se confundieran. Que extraño sentimiento.

Estaba entretenida, observando a dos niños discutir sobre quien había llegado antes al árbol, y cual de los dos tenía que contar para que los demás se escondieran. Miré por un momento a Fred, lo notaba nervioso, algo tenso. Mirando su muñeca buscando algo. Le miré a los ojos cuando me habló y quedé confundida. ¿Que ocurría? Todo iba bien... Miré mi muñeca para ver si llebaba por casualidad algún reloj, pero no. Miré mi alrededor, tratando de encontrar un reloj que no aparecería de la nada. ¡Ah! El móvil, no había pensado en ese cacharro. Lo saqué de mi bolsillo y abrí la pantalla. Estaba apagado. Miré a Fred mientras pulsaba el botón de encendido y pregunté casi con un hilo de voz- ¿Que pasa? ¿Ya quieres volver...? -miré de nuevo el móvil, que vibró en mis manos. Me avisaba que debía poner el código. Lo puse y esperé a que saliera la hora de una vez por todas. Y ahí salió, las 16:09.

- Esto... pasan diez minutos de las cuatro, ¿era muy urgente llegar a la academia? -pregunté algo preocupada.
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Re: Hier sind wir | Sábado 2 de Octubre - 13:00hs | Reservado.

Mensaje por Fred Muller el Sáb Mayo 15, 2010 2:31 pm

No contesté a lo que dijo por miedo a que cambiara mi voz a un tono más desesperado, aunque sabiendo que eso la tendría preocupada cada segundo que pasaba. Asentí como agradeciendo y me preocupé que ya había pasado más de media hora que debía tomar las pastillas aunque seguro ella estaba dando por entendido que si era urgente llegar a la academia, pero no quería aclarar nada, no quería usar mi voz, no quería siquiera moverme de donde estaba. ¿Tanta resistencia tenía? Nunca antes se me había pasado demasiado, exceptuando una vez que estaba completamente borracho y, precisamente, no recuerdo lo que sucedió. Me recosté y miré al cielo, que con su luz chocó en mis ojos tan fuertemente que algunas lágrimas solo de acto reflejo salieron de allí y los cerré enseguida. Ese no era el lugar, ni el momento, pero precisaba decírselo a ella. Debía advertirle pues era la única que, en todo caso, me podía ayudar. Preferí asustarla antes que traumarla cuando me viera reaccionando ante mi ‘no medicación’. ¿Había una solución? Lo único que podía hacer era contarle brevemente mientras nos movíamos hacia el hospital, para que allí me inyecten intravenosa la droga que necesitaba, pues viajar hasta la academia y pasar en un estado que no sabía cual podía llegar a ser en unos minutos por delante de todos, me parecía una idea más horrorosa que ya ella supiera todo. Pero era tiempo, y no había segundos sobrantes que me podía tomar ni para respirar o dejarla contestar.

Aunque mis piernas estaban débiles me levanté y allí me quedé quieto –Levántate, escúchame y acompáñame. NO HABLES-. Mi tono fue serio y considerando que siempre hacía bromas poniendo ese tono, para hacerle creer más dejé que mis lágrimas de miedo a perderla brotaran con fluidez por mi rostro. Una detrás de otra como soldados a toda velocidad. Suspiré (primer pérdida de tiempo) y comencé mientras intentaba caminar lo más fijo que podía, aunque ya no era igual a mi caminar habitual –Toma mi mano, te necesito- dije (segunda pérdida de tiempo). Pero no lo pospuse más, ésta vez abrí la boca y comencé a advertirle –Cassie- (tercera pérdida de tiempo y saliba) –Estoy enfermo. Prefiero advertirte ahora y perdón por no hacerlo en cuanto nos conocimos, pero no quiero que me veas y quedes traumada. Así que, por tu bien, solo acompáñame al hospital- no me daba la cara para mirarla, aunque tampoco podía hacer muchos movimientos. ¿Lo que estaba en el suelo en el parque? No me fue importante, es más, apenas se me cruzó por la cabeza y lo ignoré dando atención a ésta charla que me haría perderla –Odiame si quieres, pero ahora necesito que me lleves al hospital para que me inyecten. Me he pasado mucho más de media hora del momento de tomar mis medicamentos. No se como resistí tanto, debe ser mi inconsciente que no quiere mostrarte como soy en este momento- mi respiración se aceleró y paré en una esquina, levantando algo mi vista para ver cuando llegaba un maldito taxi ¿Dónde estaban cuando los necesitabas?. –Tengo el virus de VIH- dije para no decir exactamente la palabra ‘sida’ que atemorizaba a cualquiera –Pido que me ayudes y luego si quieres peleamos, te vas… o lo que sea- y me tomé mi tiempo de aclarar en los últimos segundos que hablaría (ya veía el taxi venir y estiré la mano) –No quería decirlo para no perderte, creeme. Perdí mucha gente por éste tema; Las pocas que tenía en mi corazón- De repente me volví cursi e idiota y un niño llorón frente a ella, pero todo era preferible. Deseé que me haya encontrado con otra chica, que me haya visto asesinar a alguien o cualquier otra situación de mierda antes que ésta. Aunque, había planeado decírselo, pero para ese momento tendría algo mejor preparado que éste ataque de desesperación en que confesaba todo como un niñito. Junté fuerzas de mis pulmones o de alguna parte para poder meterme dentro del taxi y antes de recostar mi cabeza sobre el asiento y quedarme completamente débil dije –Me desmayaré y al cabo de 10 minutos, si es que no llegamos ¡AL HOSPITAL! - enfaticé esas palabras para que el taxista supiera a donde llevarnos –creo que convulsionaré- lloré un poco más, desesperado y ahora sí finalicé –Gracias y perdón- y cerré mis ojos pues éstos desmayos eran en parte controlados por mí y ahora tenía la fuerza de terminar de decir lo que era necesario para poder caer rendido. Solo esperaba que Cass siguiera mis instrucciones, luego vería cómo sería la situación; El después.
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Re: Hier sind wir | Sábado 2 de Octubre - 13:00hs | Reservado.

Mensaje por Cassie Ainsworth el Vie Jun 04, 2010 9:05 pm

Off: me he tirado todo el post llorando, no se como habrá quedado xD además, no quiero leerlo de nuevo que vuelvo a llorar.. jaja

Su silencio no me gustaba, el silencio en sí me parecía una sensación negativa -menos el que había pasado junto a Fred hacía unos minutos-, estaba incómoda y no sabía si quería saber que era lo que pasaba. El miedo que transmitía su mirada me hacía entrar en pánico a mí y no me sentía del todo bien. Se levantó del suelo y con un tono serio y lágrimas en los ojos me hizo reaccionar, dándome a entender que la situación era crítica y que necesitaba seriedad y... Mi ayuda. No formulé palabra alguna, pero no porque el me lo pidiera, más que nada porque nada podía salir por mi boca en esos momentos. Estaba como en estado de shock por sus malas vibraciones. Agarré su mano cuando lo pidió y empecé a caminar junto a él hacia la esquina, intentando mirar su rostro, el cual evitaba el mío.
Cassie estoy enfermo. ¿Enfermo? ¿Que tipo de enfermedad le podría hacer estar... así? Tengo el virus de VIH ¿Virus de qué? Tuve que parpadear varias veces seguidas para que mi mente volviera al mundo, ese virus era mucho mas conocido como... Sida. Tenía el sida. Fred tenía el sida. No podía ser, su aspecto era como el de cualquier otro y había visto a gente con sida que su aspecto era horrible. Me fui del mundo para poder pensar en paz sin tener a Fred hablándome de cosas que, por mas que me dijera, no lograba asumir, y poder pensar en todo lo que me había dicho en pocos minutos. Era difícil de digerir esa información, empezando porque era una enfermedad preocupante y siguiendo que era él el que la estaba pasando.
Subí al taxi que apareció de golpe y me quedé mirando hacia Fred, que me daba un aviso sobre lo que le pasaría si no llegábamos al maldito hospital. Justo cuando cerró los ojos las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas y mi cuerpo sintió todo aquel dolor que no había podido sentir en el momento de la noticia. El estomago me dio un vuelco y me desesperé, gritándole al conductor que fuera más rápido o le quitaría al volante. Tenía la vida de un joven en sus manos, ¿no podía acelerar más?- ¡Maldita sea, pise el acelerador! -le seguía gritando al ver el reloj subir cada vez más. Mi cuerpo se sentía débil por la impotencia de no poder hacer nada más que esperar a que Fred se pusiera bien. Debíamos llegar ya, y por la cabeza pasaba la idea de agarrar el volante y correr a la velocidad que fuera necesario para salvar la vida del chico que tanto me gustaba y que no estaba dispuesta a ver sufrir. Cuando estuviera mejor se llevaría un par de golpes bien dados, se arrepentirá de no habérmelo dicho antes. ¿Y si no se pone mejor? Debíamos llegar rápido al hospital. Pasé por encima de Fred y me senté en el asiento del copiloto, agarré al hombre del brazo -aprovechando que estaba parado por un semáforo- y le amenacé- como levantes el pie del acelerador y el chico se ponga peor juro que lo pagarás caro -ya recurría a la violencia. Bien Cass, así te hará mucho caso, seguro. Las lágrimas no dejaban de caer por mi rostro, mordía mi puño para no gritar más y cesar esa rabia que llenaba mi interior por culpa de la impotencia, y mi mirada se encontraba sobre el cuerpo dormido. Al parecer el conductor se dio cuenta de la urgencia y me hizo caso al fin. En pocos minutos estábamos en la entrada del hospital. Bajé del coche casi en marcha y abrí la puerta de atrás para poder agarrar a Fred, el conductor entró a recepción mientras yo intentaba bajarle del coche, pero mis brazos no respondían con la suficiente fuerza.
Tras de mí escuché las ruedas de una camilla y la voz de una enfermera que me agarraba por los hombros para separarme del coche, intentando consolarme.
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Re: Hier sind wir | Sábado 2 de Octubre - 13:00hs | Reservado.

Mensaje por Fred Muller el Sáb Jun 12, 2010 7:39 pm

Me desperté perdido. No sabía donde estaba, ni como había llegado allí. Mi cuerpo me pesaba de una forma que me era imposible manejarlo, no tenía ni la fuerza suficiente física, ni mental para lograrlo. Le di atención a mis ojos y noté que tampoco podía hacer nada. Era más que sentirse con sueño, éste era imposible de manejar. Pensé cualquier cosa, que algo le había pasado a mi cuerpo y quedaría así o... ¡que estaba ciego!. Me esmeré por dar una patada pero en cambio, mis nervios actuaron como quisieron y moví apenas un dedo y tosí. Esperé mientras comenzaba a recordar, que era Cassie quien me acompañaba esa tarde. ¿Cuántos días habrían pasado ya de eso? ¿Había sido serio mi ataque?. Más que por eso, me preocupaba ella. Suponiendo que me encontraba en el hospital y lo que me imposibilitaba era el suero, entonces su parte había sido hecha con éxito (o no y había empeorado y por eso mismo estaba internado) y sentía una deuda de agradecimiento de por vida para con ella. Dejaría que me pegue, que me deje, o cualquier cosa que deseara, como habían hecho todos a mi alrededor. Ya no sería la primera vez que perdía a alguien por este asunto y estaba preparado mentalmente para bloquear todo ese dolor. Pero en verdad la quería a ella. Me había sido imposible no adorar su personalidad tan parecida a la mía y obsesionarme con no estar demasiado lejos de ella(para no extrañarla). Solo imaginarme lejos de su vida me estremeció y dos nuevos sentidos me ayudaron a comprobar que estaba en el hospital y que no era bueno ser sadomasoquista(mentalmente): Mi olfato me dejó percibir ese olor a hospital, alcohol, cloroformo y algunas otras cosas más características. Y el oído me hizo saber que mi ritmo cardíaco aumentaba demasiado (la máquina iba con más velocidad en su característico "pi,pi,pi"). ¿No era eso suficiente para que una enfermera viniera a verme? Quería hablar, gritar, moverme y... abrazar a Cassie pidiendo perdón. Y gracias. ¡Ayuda! grité mentalmente en estado de ansiedad desesperada y de mi boca salió solo un leve gemido.
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Re: Hier sind wir | Sábado 2 de Octubre - 13:00hs | Reservado.

Mensaje por Cassie Ainsworth el Lun Jul 05, 2010 10:02 am

Entré acompañada de una chica vestida de blanco, era morena, alta y hermosa. Me dijo que ella sería la enfermera que cuidaría a Fred cuando lo llebaran a la habitación, que él se iba a poner bien y que no debía preocuparme por nada porque ella estaría con él todo el tiempo. No soy una cría, deja de tratarme como tal. Y, como si la rubia leyera el pensamiento, me sentó en la sala de espera. Un adiós forzado salió de entre mis labios para despedirme amablemente de ella y no decirle lo que realmente pensaba. Fueron pasando los minutos y yo allí sentada mirando como las agujas del reloj se movían lentamente, como la gente entraba y salía de la sala, como niños y adultos enfermos tenían que esperar a que una consulta estubiera libre para pasar. Y yo esperando a Fred, el único que no salía de allí dentro. ¿Por que no me lo había dicho antes? Eso era algo grave, le podría haver dado en cualquier otro lugar y estar completamente solo. No, eso no podría ser, primero porque era imposible que Fred estubiera solo en algún lugar y que nadie le ayudara, esa posibilidad no. La otra tenía algo mas de sentido, no se había tomado la pastilla porque estaba yo con él, no sabía sobre su enfermedad y posiblemente no quería que lo supiera.
Después de un cuarto de hora aproximadamente salió la morena con una sonrisa amable, se acercó a mí y me contó que se habían encontrado con casos peores, que ya estaba en la habitación pero que no me dejaban entrar por todos los cacharros conectados a su cuerpo y los que le quedaban, y que esperara un tiempo a que se despertara. Asentí a todo procesando lentamente cada palabra de la chica. Yo quería verle, ahora, y lo vería. La chica salió de la sala y yo entré al pasillo donde habían puertas abiertas con niños tirados en camillas, acompañados por su familia, que les miraban si tenían fiebre o anginas. Al fondo del pasillo se podía girar a la derecha, y suponía que en una de estas salas estaría Fred, era posible que no estuviera en esta planta y que tuviera que subir o bajar para encontrarle, pero lo haría. Necesitaba hablar con él y echarle la bronca por no contármelo antes y pegarme tal susto. Se enteraría.
Giré por el pasillo y más puertas abiertas y cerradas decoraban las paredes de este, primera puerta: nada. Segunda: Niño. Tercera: Señora mayor despelotándose. Ugg, puse una mueca de desagrado al ver esa escenita, ya que podrían haber cerrado la puerta. Estaba empezando a enfadarme, ya no esperaba que estuviera en esa planta, solo habían consultas. Eché a correr por todo el pasillo para comprobarlo y estaba en lo cierto, no estaba allí. Llamé al ascensor y subí hasta la planta superior a esta, en la cual sí que habían salas con camillas y gente enferma en ellas. A lo lejos vi salir a la enfermera de una sala y, cuando giró por la esquina, entré- Fred, ¿como estás? -pregunté mientras cerraba la puerta. No escuché respuesta alguna, seguiría dormido. Me di media vuelta y pegué un salto al ver que no era Fred el que estaba tirado en la cama, era una niña de unos doce años aproximadamente- Tu no eres Fred -negó con la cabeza, era bastante obvio que no era él- Sabes... Donde hay un chico con el pelo por aquí, ojos azules, blanco de piel... -dije escenificando cada movimiento con las manos, la niña no contestaba con palabras, solo con movimientos- Bien... gracias -agarré el mango de la puerta y lo bajé rápido, sacando media cabeza para que nadie estuviera por aquí mirando (me preocupaba más la morena). Saqué un pie y volví a meterlo, cerrando la puerta. La enfermera venía en esta dirección, seguramente a esta sala.
- Mira pequeña, ahora seré tu prima lejana, ¿queda claro? -ni se inmutó- Por favor.
- Vale, ¿cual es tu nombre y quien es Fred? -preguntó con un hilo de voz.
- Yo soy Cassie y Fred es mi -me quedé pensando por unos segundos- amigo, es mi amigo y quiero verle pronto. Tiene el sida y no me lo ha contado, hasta hoy, que estábamos tirados en la hierva y... imagina, hemos tenido que venir aquí -¿Que haces contándole eso a una niña? Tonta.
- Espero que se ponga bien -sonrió- yo soy Britt -entró la enfermera y la niña le saludó con la mano- Mira Alice, es mi prima, Cassie ella es la enfermera que me cuida siempre -actuó perfectamente.
- ¿Tu? Te andaba buscando, Frederick Müller ya puede ser visitado. Habitación 209, aún está dormido, quizá si le hablas despierta antes -y se puso a toquetear cacharros.
Salí corriendo hacia la puerta, pero antes de salir volví hacia la pequeña y le besé la frente, despidiéndome con un "Ponte bien, primita. Gracias." Conté las puertas, 205... 207... ¡Ajá, 209! Entré y ahí estaba dormido, era demasiado tierno. Me acerqué a él y le susurré al oído su nombre, pero no despertó. Supongo que aún seguía el efecto de la medicina. Me senté en el sillón, esperando a que despertara. No quería hablarle hasta que despertara, ahora que sabía que estaba bien no quería molestarlo ni nada, quería verle dormir todo este tiempo. Pasaron horas, me habían dicho que ahora el efecto había pasado, pero que era muy agotador y que había pasado por un mal trago, que le dejara dormir un rato más mientras me acompañaban a por un café. Yo tomando café, algo nuevo, pero lo necesitaba. Cuando volví a la 209 encontré a unos cuantos médicos hablando con él.
- Perdón -les separé para poder ver a Fred, ya estaba despierto, aunque se le veía cansado. No salían palabras de mi boca, tenía ganas de besarle y de pegarle, pero por respeto a los médicos no hize ni la una ni la otra, solo esperaría.
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Cassie Ainsworth

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Re: Hier sind wir | Sábado 2 de Octubre - 13:00hs | Reservado.

Mensaje por Fred Muller el Sáb Jul 10, 2010 1:49 am

Aunque mi petición había sido muda debía haber algo enchufado en mí, pues enseguida hubo alguien en la habitación. Era un hombre bajo, calvo y con un gran bigote de color blanco, llevaba un guardapolvo de color celeste claro y traía empujando una pequeña mesa con ruedas llena de aparatos médicos. Ya que solo podía ver, me fijé en todos esos detalles y noté la vista perdida de aquel hombre ¿venía por mi o pasaba algo a mi alrededor?. Intenté girar mi cabeza pero no respondía y forcé mis ojos hacia la derecha para divisar que era lo que ocurría. Aquel movimiento me mareó y tuve que cerrar los ojos enseguida pues sentía que me caería de la cama. Entonces allí sí, temblé fuertemente por el susto o la desesperación de la caída sin fin y aunque no lo vi, pude percibir que el hombre venía por mí. Me sostuvo con ambas manos por los hombros y susurró algo que no entendí. Supuse que ya estaba a salvo, aunque el mareo continuó, disminuyendo cada milésima de segundo un poco más. El médico entonces tocó una serie de botones de cerca mío y sentí nuevamente sueño, como si hiciera falta, pues aún no estaba del todo despabilado.

Algo pasó a continuación ¿o había pasado más de 2 minutos como yo creía? No tenía noción del tiempo, así como podían pasar cuatro semanas era lo mismo para mí cuatro minutos. Suponía que el suero era poderoso o lo que sea que me estuvieran dando. ¿Tan importante había sido el no tomar las pastillas? Sabía que podía causar la muerte, pero... solo habían pasado unos cuarenta minutos aproximadamente luego de no tomarla y hasta llegar al hospital. Al menos eso era lo que calculaba, quizá Cassie había visto mi cuerpo convulsionar o teniendo otro tipo de reacciones inmediatas, como erupciones en la piel o... Pobre. Al abrir uno de mis ojos (era el único de mis sentidos -ademas del tacto, que lo tenía sensible- que tenía habilitado para ser manejado. No oía nada ni podía oler ahora aunque hacía uno minutos, antes de mi sueño profundo había podido. Era como un desfile de sentidos) para ver que estaba a mi alrededor y vi un conjunto de personas caminando de aquí para allá. Estaba el hombre calvo y una médica más, de cabello rubio de esos teñidos que se notan, no como el hermoso color que Cassie tenía y... por atrás andaban dos o tres enfermeras mayores de treinta años todas. La profesional se me acercó y habló, pero... oí como entrecortado. La vi cambiar de cara como si supiera que sucedía y con expresión enojada dijo algo que pareció ser una orden. Al instante, los sonidos de mi alrededor me nublaron la vista de tan derepente que llegaron. Oí todo a la perfección, ¿es que acaso tenían mis oídos bloqueados con algún aparato?. Intenté olfatear algo y sí, allí estaba ese olor a hospital asqueroso nuevamente. Me tomé mi tiempo para ubicarme y abrí los ojos para enfocarla a aquella mujer, que ahora me preguntaba:
-Frederick, ¿te encuentras bien? ¿algún dolor?- preguntó sin interés; como rutina.
-Cassie- murmuré y oí mi voz como si estuviera sediento. Una de las enfermeras me dio agua.
-Preciso que me respondas algunas preguntas- insistió
-¿Dónde esta Cassie? Cassie Ainsworth- la ignoré
-Calma calma, ya mandaré llamar a la rubiecita que vino contigo- me calmó y aunque no tuviera total confianza en que lo haría pude prestar atención a lo que me preguntaba y no a mis necesidades. Por suerte enseguida le indicó a una mujer de por allí que fuera a buscar a mi amada, o al menos eso creí que le dijo... podía escuchar el nombre 'Cassie Ainswoth' tan fuerte en mi mente que capaz solo deliraba que la habían nombrado. -¿Puedes mover tu pierna derecha?- preguntó una vez que estuvo conmigo la doctora. ¿Por qué especificamente la derecha?, me pregunté como si importara realmente. Lo intenté y funcionó. Una sonrisa iluminó mi rostro y la de la médica también. Luego se quedó probando un par de cosas que me salieron bien casi todas, según ella dijo el 80%, que es lo normal y lo que esperaba. Tenía preguntas también, algunas para ella y otras para Cassie, quien apareció entre las personas de mi alrededor justo en ese instante en que iba a volver a preguntar por ella, insistente, como al final de cada frase que podía pronunciar, la nombraba.

La ví y quise saltar fuera de la cama de un salto para abrazarlo. No solo me lo impedían la cantidad de enchufes que tenía enganchados a mí, sino que había manos mucho mas fuertes que yo que se ocupaban de que no abandone mi pose de enfermo. Abrí la boca y suspiré, ¿qué podía decir?. Si había algo claro es que debía decir G R A C I A S, pero... Ok, ningún pero. -Gracias Cassie- solté de una, apenado porque mis emociones tiraron abajo mi tono de voz, y apenas si podía oirme yo mismo -¿No puede quedarse aquí conmigo unos minutos?- me volví hacia la doctora con cara de rogador. Obtuve una negación con la cabeza pero aclaró que podía ella estar detrás sin oír y que dejaría a 'la rubiecita' (como ya le había dicho en una oportunidad) hablar conmigo unos diez minutos, de premio porque todo había salido bien. Aquella mujer debía tener un poder especial (en cuanto a prestigio en la clínica), pues con solo un gesto dejó la habitación vacía, excepto por ella que tomó asiento a un lado, pero alejada de la camilla y susurró a Cass -Con cuidado-, o algo parecido que había sonado como esas palabras. Le devolví una sonrisa a aquella mujer de apellido alemán (por lo que había llegado a espiar en su placa), que, por cierto, me había hablado en inglés aquellos minutos y yo a ella (quizá al ver que Cassie hablaba en ese idioma supuso que yo también, pero lo manejabamos bien ambos, eramos alemanes astutos). Volví mi mirada a la chica mas linda de aquel lugar y de todos los del planeta y sistema solar aunque convencido de que ahora ya no sería 'mi princesita inglesa' sino que podría llegar a irse con aquel morocho de la otra ocasión... ¿Aaron?. En fin, la contemplé en silencio, quizá quería decir algo antes de que empiecen mis disculpas y agradecimientos (en vano si estaba enojada).
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Fred Muller

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